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Domingo, 29 de Enero de 2012 13:57

Sacal y Facundo o del racismo imbécil

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La cabeza de esta colaboración es evidentemente un pleonasmo. El racismo es en todo caso un acto de imbecilidad, término que es definido por la Real Academia de la Lengua como “Alelamiento, escasez de razón, perturbación del sentido”.

Como puede verse, denostar a una persona por su pertenencia étnica, su nacionalidad, su lengua o su origen territorial constituye un acto no sólo carente de razón, sino lleno de vileza, es decir, una actitud torpe e infamante.

Hace apenas unos días se dio a conocer, primero en redes sociales, y de ahí fue retomado por prácticamente todos los medios de comunicación nacionales y locales, el caso del iracundo –y hoy prófugo de la justicia- Miguel Sacal, quien no sólo golpeó impunemente a un empleado del edificio en que vivía, sino que se refirió a él y a los otros empleados presentes con términos clasistas y racistas.

“Pinches indios” es una de las frases más lastimosas emitidas por el racista Sacal, quien fue citado a comparecer por el Conapred, institución a la que difícilmente se presentará por el hecho de que, hasta el momento de escribir estas líneas, se encontraba evadido de la acción de las autoridades.

La utilización de la palabra “indio” como sinónimo de una ofensa y manifestación de menosprecio es una práctica extendida en todo el país y entre todas las clases sociales; no hay una región en la que en el lenguaje cotidiano no se le califique a aquellos que son considerados como tontos, inútiles, feos, pobres o incluso parásitos o parias, el calificativo de “indio”.

Si lo anterior no fuese cierto, nadie podría explicar los siglos de olvido, explotación, maltrato, abuso y desigualdad que han pesado sobre los pueblos y comunidades indígenas y que hoy se traducen en profundas condiciones de rezago social, privación e incumplimiento de derechos.

Según la más reciente Encuesta Nacional sobre Discriminación, las personas hablantes de alguna lengua indígena se encuentran entre quienes en mayor medida viven actos o prácticas discriminatorias a lo largo y ancho del territorio nacional, prácticas que persisten inclusive en las instituciones públicas y responsables de proveer de servicios sociales.

Hoy, ante la tragedia que se vive en la sierra Tarahumara, resulta aún más penoso que haya actos tan despreciables como la agresión física y verbal que hombres y mujeres como Sacal o las llamadas “Ladies de Polanco”, quienes asumen una absurda superioridad basada en su origen social o su posición económica.

Peor aún, el racismo se convierte en un asunto siniestro cuando es expresado por pseudocomunicadores como el sujeto llamado Facundo, quien, en la emisión del día jueves pasado del programa de radio que mal conduce, al referirse al jugador de futbol Cristiano Ronaldo, lo llamó “Cris-tindio”.

No es la primera ocasión que esta persona se escuda en la impunidad del micrófono para ofender y denostar, con base en elementos claramente racistas. La cuestión de fondo es por ello sumamente delicada. ¿Por qué una empresa de comunicación le otorga un micrófono a una persona que tiene una historia de violencia verbal y prácticas discriminatorias y humillantes?

¿Por qué el Conapred citó a comparecer a Sacal, pero no identifica siquiera el tipo de manifestaciones clasistas, racistas y ofensivas que todos los días profieren ignorantes que tienen voz amplificada a través de medios de comunicación que, bajo el amparo del argumento de que se trata de “programas de espectáculos o entretenimiento”, son considerados como anecdóticos o poco graves?

La cuestión, sin embargo, es completamente al revés; que públicos ampliados no reaccionen con indignación y sigan dándole “rating” a un tipo tan nefasto y carente de inteligencia, como lo es el citado Facundo, habla de que en el fondo hay una arraigada mentalidad racista que nos lleva a no darnos cuenta de cuándo un agresor está ofendiendo y discriminando.

Ahora que las poblaciones indígenas “aparecen” nuevamente en el centro de la preocupación nacional debido a la hambruna que padecen los rarámuris, sería fundamental que el Conapred diseñara una intensa campaña de sensibilización y prevención de la discriminación.

Es cierto que esa institución no cuenta con los recursos suficientes, pero también es cierto que su presidente bien podría hacer un llamado urgente al Congreso a fin de ampliar su base presupuestal ante la dolorosa evidencia sobre las indignas condiciones en que viven millones de hablantes de lenguas indígenas.

Coneval cuenta con información sobre el hecho de que únicamente el 3.2% de la población indígena total de nuestro país tiene acceso a un nivel adecuado de bienestar. En efecto; prácticamente el 80% de los indígenas son pobres, y entre ellos, habría 2.7 millones de personas en condición de pobreza extrema.

México enfrenta una verdadera emergencia nacional en la que uno de sus capítulos más dramáticos se encuentra en las zonas rurales e indígenas de nuestro país; por ello, que en medio de esta tragedia permitamos que la imbecilidad del racismo se exprese cobijada por los medios de comunicación es un despropósito inaceptable que debemos rechazar con vehemencia, porque sólo dándole totalmente la espalda a la discriminación podremos avanzar hacia un país justo e incluyente de todos.

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