Casi la mitad de quienes tienen entre 15 y 19 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida.
México enfrenta tres grandes retos estructurales en materia social y de salud pública, que en buena medida determinarán el futuro de las relaciones sociales y de las políticas y las prioridades que deberán asumirse desde los tres órdenes de gobierno: la obesidad y el sobrepeso; la diabetes y las cardiopatías; y el uso y abuso de sustancias adictivas.
Sobre el último tema, la Encuesta Nacional sobre las Adicciones nos revela asuntos de una gravedad mayor: la prevalencia del consumo de las drogas ilícitas no se redujo, mientras que el uso y abuso de las llamadas “drogas lícitas” como el alcohol y el tabaco, no sólo creció, sino que además se redujo la edad de inicio en el consumo y adicción a las mismas.
Según los datos disponibles, casi la mitad de quienes tienen entre 15 y 19 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida; hecho realmente preocupante porque, de acuerdo con la ley, ningún establecimiento tiene permitido vender bebidas alcohólicas o cigarros a menores de edad.
Al respecto, es importante mencionar que, a pesar de que en algunas entidades se han implementado medidas como la prohibición de las llamadas “barras libres” que permitían el consumo ilimitado de alcohol en bares, cantinas y los llamados “antros”, lo cierto es que la venta y la permisividad ante el uso y abuso del alcohol entre los jóvenes es mayúscula.
Lo anterior es producto de una asociación entre la corrupción de las autoridades, principalmente en el nivel municipal, y la codicia desmedida de los dueños de los restaurantes, cantinas y “discoteques”, ante lo cual se muestra la urgencia de diseñar mejores mecanismos de control, supervisión y sanción en esta materia.
Lo peor de este tema es que se ha generado una cultura de consumo que lleva a miles de familias a asumir que es tal el grado de inevitabilidad del alcoholismo, que es mejor que sus hijos “aprendan” a beber en sus propias casas, antes que en la calle, lugares públicos o en otras casas donde “quién sabe qué más podrían conseguir”.
Según el Consejo Nacional para la Prevención de los Accidentes (Cenapra), cada año se pierden hasta tres puntos del PIB a causa de los accidentes viales, y esto sin contar las secuelas discapacitantes y la pérdida de oportunidades para miles de mexicanas y mexicanos todos los años.
Todo lo anterior obliga a hacer una crítica a las empresas productoras, distribuidoras y comercializadoras de alcohol y tabaco, pues detrás del consumo absurdo de alcohol en nuestra sociedad, se encuentra también una infinita disponibilidad de bebidas, la cual es siempre acompañada de intensas campañas publicitarias en las que, paradójicamente, se hacen llamados a la moderación y la responsabilidad.
Como se dijo al principio, enfrentamos tres grandes problemas que, combinados, muestran la enorme fractura de todos los instrumentos de protección social del Estado. Así, el alto y temprano consumo de alcohol; más la predisposición genética y la creciente prevalencia e incidencia de diabetes; más una creciente tendencia en la prevalencia e incidencia de las enfermedades isquémicas del corazón, constituyen una peligrosa combinación que, de acentuarse, no habrá sistema de seguridad social o esquemas de cobertura médica y de previsión social que alcancen para atender con la calidad requerida a una población envejecida y agobiada por padecimientos que, además, resultan sumamente costosos.
*Director del CEIDAS, A. C.


