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Lunes, 13 de Febrero de 2012 11:46

El Estado amenazado

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Lo exigible a quienes aspiran a dirigir el país es que puedan comportarse a la altura de la dimensión del reto...

Las declaraciones del general secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, durante la conmemoración de la Marcha de la Lealtad han llenado de azoro y de una profunda preocupación a amplios sectores políticos y sociales.

El hecho de que el principal jefe del Ejército Mexicano (luego del jefe del Estado), reconozca que hay zonas del país en las cuales “la delincuencia organizada se ha apropiado de las instituciones del Estado”, y que como resultado hoy se encuentra amenazada la seguridad interior del país, representa una severa señal de alerta sobre el deterioro de las capacidades de gobierno en todo el territorio nacional.

Pareciera que, aquello que el ministro Zaldívar llamó “el desorden generalizado de las instituciones”, en su ponencia con respecto del caso de la guardería ABC, ha entrado en una nueva fase de franca descomposición que pone en riesgo la viabilidad del Estado.

Tal proceso de acelerada pérdida de autoridad y legitimidad de las instituciones se debe fundamentalmente a la arraigada corrupción de una inmensa cantidad de políticas y políticos que han llegado al poder con el exclusivo propósito de saquear las arcas del erario o fortalecer posiciones de poder para la defensa de grupos que son de suyo esencialmente ilegítimos.

En ese sentido, lo que debemos ser capaces de evidenciar y denunciar es que también en el mundo de lo privado se prohíja el deterioro del Estado gracias a la promoción y la práctica cotidiana de la mordida, el soborno y la compra de voluntades políticas que terminan, con base en los recursos públicos, por incrementar inmensas fortunas personales.

Mi admirado maestro, el doctor Jesús Kumate, me decía recientemente: “La corrupción es el mal mayor de nuestro país”. La realidad le da la razón tanto en el diagnóstico como en el reclamo: nos hace mucha falta, al parecer ahora más que nunca, un verdadero sentido de nación.

Por ello sostengo que el diagnóstico del general secretario debe propiciar un rápido encuentro de quienes hasta ahora han sido registrados por sus partidos o coaliciones, a fin de establecer un acuerdo de civilidad para que, gane quien gane las elecciones, todos abonarán su capital político para construir un pacto para la refundación de nuestro orden institucional.

Quizá una propuesta así parezca impracticable; sin embargo, lo exigible a quienes aspiran a dirigir al país es que puedan comportarse a la altura de la dimensión del reto que plantean los demasiados riesgos que han colocado al país entre la espada y la pared.

Las y los ciudadanos tenemos no sólo el derecho sino la responsabilidad de exigir a nuestra clase dirigente que deje a un lado la mezquindad, y que dé paso a una nueva lógica de generosidad republicana.

En los aciagos días de hambruna, violencia, desempleo y frustración social en que vivimos, no debemos olvidar que nuestra dolida patria merece lo mejor de todos, y de un compromiso indeclinable con la paz y la honestidad, pues sólo con base en una postura de profundo compromiso político, México podrá ser el país de legalidad y justicia que todos anhelamos al día de hoy.

Con todo esto, lo que debemos reconocer y ante lo que debemos actuar con decisión, es que hay una amenaza real contra el Estado mexicano y ésta se expresa sobre todo en las violencias y en la corrupción.

*Director del CEIDAS, A. C.

2012-02-13 01:27:00

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