Viernes, Noviembre 21, 2008 5:34:49 P.M.

CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACION EN DESARROLLO Y ASISTENCIA SOCIAL

 
 
 
 
Perspectivas y Contextos
 

Mario Luis Fuentes -- Posted by noticias on Monday, November 10 2008

Las  historias que somos

17 de noviembre de 2008

En su columna de ayer, Juan María Alponte narra pasajes relevantes de la vida de Gerardo Murillo, extraordinario paisajista mexicano que a la postre ha sido conocido y reconocido como el Dr. Atl.

Gerardo Murillo fue actor y artífice de su tiempo. En ese hacer y actuar histórico se encontró y confrontó con personajes de relevancia singular para nuestra historia. Al concluir su artículo, Alponte escribe: “El papel de Atl entre Carranza, Zapata y Obregón es una etapa dramática de un tiempo histórico que ignora, abomina y exalta, condena y destruye. No se dice, ¿por qué?”

Como ésta, muchas otras historias no se han contado; no se han explicado y no se han dimensionado en su lugar preciso y en su relevancia en la formación de esto que hoy somos, y de lo que, en medio de un dramatismo mayúsculo, es nuestro México.

En las décadas recientes de esfuerzos continuados por lograr una verdadera transformación democrática de nuestras instituciones, el análisis histórico ha tomado un cariz especial que va desde las rigurosas investigaciones hasta los escritos que buscan, mediante el argumento de la “desacralización de la historia y sus personajes”, más la fama pasajera de sus autores que una mirada comprensiva del hoy y del futuro posible, a través del espejo del pasado.

Se dice que debemos ver a los héroes en su justa dimensión; se argumenta que “también fueron seres humanos” y que hay que percibirlos así, como simples mortales de los cuales hay que, incluso, reírse. Nada más alejado, a mi juicio, de un ejercicio interpretativo complejo de la historia y de sus actores.

Cuando Homero narra la vida de Héctor, “matador de hombres”, pero también “domador y educador de caballos”, lo que nos dice es precisamente que este Héctor, humano, quizá demasiado humano, contaba con virtudes que lo convirtieron en un hombre ejemplar; es eso lo que lo volvió un héroe: su capacidad de llegar a ser el hombre que fue. No hay una exaltación divina, aunque sí trágica de Héctor.

Nada mejor para comprender la relevancia de dimensionar la historia y a sus constructores, que la advertencia de Tucídides en su introducción a La Guerra del Peloponeso: “Mi historia ha sido compuesta para que sea patrimonio de todos los tiempos, y no la muestra de una hora efímera”.

La “composición de la historia”, como la define Tucídides, tiene también una función pedagógica y asumir que se trata de la “construcción de un patrimonio” no es un asunto menor. Se trata de valorar y de darle significado a aquello que nos puede cohesionar y llevarnos a una construcción social basada en los mejores valores y virtudes humanas. Se trata no de “des-sacralizar” a los héroes, sino de mostrarlos en sus mejores valores y decisiones, a fin de que todos podamos aprender de ellos.

No es lo mismo vivir la historia a través de la ironía —Ibargüengoitia y Luis Guzmán son claros ejemplos sobre cómo hacerlo— que tratar de caricaturizar y minimizar los logros de las personalidades que le dieron rumbo y unidad al sentimiento unificador de nuestro país.

Estamos justo a dos años de celebrar el Centenario de la Revolución Mexicana; también a poco más de un año del Bicentenario de nuestra Independencia. Ante ello, hay un ambiente lúgubre frente al cual más valdría recuperar nuestras capacidades para continuar ejerciendo nuestra capacidad de ser festivos, aún en medio de la tragedia.

Se trata de entender, como Tucídides, que la historia es una cuestión patrimonial. Y que en la absurda disputa por la posesión e identificación de los héroes y los momentos, estamos perdiendo una oportunidad sin parangón para rescatar lo mejor que tenemos como país, a través de las historias que ya han sido contadas y que requieren revalorarse, quizá redimensionarse, y escribir y recuperar aquellas que han dormido al modo en que lo han hecho muchos saberes sometidos a lo largo de los años.

México no se escribió de manera definitiva en el año 2000, como muchos hoy quieren o pretenden mostrar. “Componer la historia” no significa “arreglarla a modo”. Se trata de un ejercicio que debe buscar construir un patrimonio de todos para transitar a un mejor presente e imaginar y alentarnos a construir también un mejor futuro.

Hay historias que no se cuentan; otras que no quieren contarse; otras más que se resisten a ser contadas; me sumo a la pregunta de Alponte, ¿por qué?

http:// www.exonline.com.mx

Rolando Cordera Campos -- Posted by noticias on Monday, November 10 2008

Carlos Fuentes y los nuevos tiempos mexicanos

16 de noviembre de 2008

Con Carlos Fuentes mi generación (y varias más) pudo identificar lo que de aquellas costumbres le molestaba más: las buenas conciencias. El joven Ceballos condensó la angustia parroquial provinciana, pero también el retrato hablado de lo que empezaba a imponerse: la cultura de la movilidad individual al costo que fuere, una vez que la Revolución pensaba en bajarse del caballo como años después de la aparición del libro lo postulara el general y licenciado Alfonso Corona del Rosal.

Con La región más transparente, en el despegue de la nueva moral urbana de Uruchurtu que anunciaba la vuelta de las buenas conciencias a escala macro, como lo pedía el desarrollo estabilizador en pujante ascenso, conocimos la ciudad que se perdía y aprendimos a decir, con furia o decepción, según fuera el caso, ¡qué le vamos hacer… si aquí nos tocó!

Ixca Cienfuegos y la vieja Teodula hacen el alto contraste con una urbe que se urbaniza a través de una desigualdad que invoca a todas las capas geológicas de la historia y la cultura mexicanas, mientras el banquero Robles o el neoarribista Rodrigo Pola se vuelven espejos negros de una evolución política marcada por el abuso del poder, el enriquecimiento impune, el cinismo sucedáneo de una moral pública que luego describiría, sin tapujos, el cacique Gonzalo N. Santos: “la moral es un árbol que da moras”.

Entran Artemio Cruz y la biografía y la tomografía del poder posrevolucionario que hace del capitalismo salvaje rito e hito, mientras se pretende que el progreso se mida en millonarios que sufren del recuerdo de excesos y traiciones. A pesar de Laura Díaz, es Artemio el que canta los responsos de una revolución que fue pero pudo ser más.

Con sus Tiempos mexicanos, Fuentes da cátedra de ensayo político de gran aliento y se vuelve referencia obligada de una combinatoria infrecuente en nuestra República de las Letras: cultura y literatura pueden alimentar y alimentarse de la crítica y la acción políticas, como lo ilustraron pioneramente nuestro autor y sus compañeros de aventura en El Espectador.

Con apenas 80 años a cuestas, Fuentes da una vuelta de tuerca a su ciudad mítica y surrealista, pero el mito no encarna más en Ixca. Lo que hoy encara es una macrocefálica y permanente (de)construcción social “donde la calle daba cuenta de las cada vez mayores diferencias de clase…(donde) el contraste mexicano, lejos de atenuarse, aumentaba como si el progreso del país fuese una opiácea ilusión, contada en número de habitantes pero no en suma de bienestares” (La voluntad y la fortuna).

Del derecho a la ciudad como fruto civilizatorio, intuido e insinuado en La región..., a pesar de su inventario de fatuidades modernizantes, al círculo hipnótico de una violencia y un desplome del desarrollo que buscan imponernos dejar atrás toda esperanza. Del regodeo con el nuevo poder a la ilusión del mismo, pero siempre basado en la mistificación forzada de la realidad y el recurso al más majadero de sus símbolos: la ceremonia armada; el abuso de la concentración del privilegio. Fuentes a la carta en sus 80, como sigue y seguirá.

Los signos que nos cruzan en estos días no ofrecen respiro alguno: una economía en picada y una desprotección social como inundación implacable: desempleo abierto en ascenso, salarios estancados o a la baja, quiebras y deserciones financieras, entronización criminal que avasalla cualquier pretensión de espacio y discurso públicos. Una moral pública empantanada, escribe Rafael Segovia, que se ve envilecida por la arrogancia y la simulación múltiple de quienes no entienden de otras conjugaciones que las que manda el poder, aunque éste haya dejado de ser el centro que sostiene lo demás, como mandaba el poeta. De la confusión impuesta para hacerse de la Presidencia, a la imposición del rumbo sin tapujos ni ambages, es decir, sin rumbo.

No hay más y el país sólo se pregunta ya por lo que vendrá y no por si puede sortearse. Fiesta de fatalidades y banalidades. De homilías vacuas y sacrificio de las palabras y la comunicación política.

Pero no era, ni es, para tanto, salvo que el ex vicepresidente económico tenga razón y esta crisis nada “tenga que ver con el capitalismo, ni con la economía de mercado, ni requiere de un replanteamiento del modelo económico” (Francisco Gil Díaz, El pecado original de la crisis, El Universal, 10/11/08, B2). Tendrá que ver, entonces, sugerimos, como lo hicieran algunos de los primeros oráculos de las oscilaciones económicas, con las manchas solares.

¿Sale Ixca y entra el fraile Malthus? ( malos, muy malos, estos tiempos mexicanos).

  http://www.jornada.unam.mx

Enrique Del Val Blanco -- Posted by noticias on Monday, November 10 2008

Persona non grata

13 de  noviembre de 2008

Sorprende la falta de tacto político del gobierno mexicano al haber recibido al presidente de Colombia, señor Álvaro Uribe, cuyo gobierno asesinó a mansalva a cuatro ciudadanos mexicanos en una incursión militar a territorio ecuatoriano, denunciada por este último, rompiendo relaciones diplomáticas.

El señor Uribe no sólo no ha pedido disculpas, ha justificado tal asesinato. No contento con ello ahora, en visita a nuestro país, en una reunión con el siniestro personaje de la política mexicana, el señor Fox, se dio el lujo de inmiscuirse en asuntos de nuestro país, al opinar y preguntar sobre el Ejército Popular Revolucionario (EPR), a lo que el locuaz señor Fox se permitió afirmar que “son grupos muy pequeños y dispersos”, lo cual confirma su sensibilidad y alta capacidad en asuntos políticos.

A esa reunión, celebrada en Guanajuato, asistieron el gobernador del estado, su secretario de gobierno, miembros de la Coparmex y de un membrete —según se comenta, ligado al nefasto Yunque panista— que es encabezado por el señor Antonio Ortega, a quien el señor Uribe, después de darle un gran abrazo, le dijo que ellos eran “sus socios en el combate al terrorismo”, ni más ni menos. Tampoco se entiende la presencia del señor Uribe en Monterrey, en la llamada Cumbre de Negocios, donde estuvo al lado del gobernador y dirigentes empresariales. Ahora resulta que no sólo no protestamos por sus acciones belicosas, sino que nos dará tecnología para desarrollar proyectos en México.

Recientemente han salido a la luz las bestialidades cometidas por el Ejército colombiano en contra de su población. Hay cerca de mil denuncias por ejecuciones y desapariciones forzadas, todas ellas realizadas por elementos castrenses. El método era muy claro y creían que nunca se sabría: reclutaban jóvenes colombianos que, bajo el señuelo de encontrar trabajo, ingresaban a sus filas para después ser asesinados y presentados como combatientes de las FARC. El escándalo es de tal naturaleza que obligó al gobierno colombiano a realizar una purga de militares desde altos mandos.

Efectivamente y gracias a las recompensas existentes en ese país, cualquiera que mate guerrilleros obtiene jugosos ingresos, a partir de la vida de sus compatriotas. Ahora el señor Uribe les hace un llamado para que sigan combatiendo “con transparencia y respeto a los derechos humanos”, como lo hizo en la incursión a Ecuador, matando mexicanos.

El combate a la guerrilla no puede basarse en el asesinato de inocentes. Eso ha pasado y pasa en Colombia y de ninguna manera puede ser ejemplo de cómo contender con dicho fenómeno. Por ello, es lamentable que se haya recibido a ese señor en nuestro país, sin que tengamos la menor noticia de que se le haya cuestionado por los crímenes avalados por él.

Hay que estar muy atentos a lo que se quiera hacer en México en el combate a los fenómenos que violan nuestras leyes para nunca caer también en la violación de las mismas. Nos pasaría lo que actualmente sucede en Colombia, que no es ejemplo alguno para cualquier país que se llame democrático.

Si quiere lavar su imagen aquí, que primero pida disculpas y enjuicie a los militares que asesinaron a nuestros conciudadanos. Por eso reiteramos: el señor Uribe, presidente de Colombia, es una persona non grata en nuestro país.

http://www.eluniversal.com.mx

Federico Reyes Heroles -- Posted by noticias on Monday, November 10 2008

El altar

Es un síndrome nacional. Se explica en parte por los bajos niveles educativos, por la reciente y abrupta urbanización, por la pobreza y miseria que disminuyen pero no desaparecen, por la juventud de la población, también porque creemos ser diferentes y tener suerte. Explicaciones hay muchas, por ejemplo nuestra extraña relación con la muerte que tanto material ha dado para la mitología de lo mexicano: hacemos calaveras y bromeamos con "La Calaca". También por ese impulso que tanto admiran los extranjeros de vivir el hoy intensamente sin preocuparse demasiado por el mañana. Por cierto lo admiran pero su conducción personal y nacional con frecuencia es totalmente diferente. Un sueco estaría muy preocupado de que su país adoptara esas costumbres. En principio suena muy bien como expresión de un "existencialismo azteca": "si me han de matar mañana, que me maten de una vez". El hecho es que hemos construido un altar a la irresponsabilidad.

Cuando te toca te toca, es cierto, pero más vale buscar el caminito para que no te toque. Más allá del folclor hay datos sobre la muy débil cultura de la previsión en México, por ejemplo ausencia de una costumbre del seguro, seguros médicos, seguros personales o simplemente los seguros de automóvil que siguen siendo optativos, es dramático. Cada accidente, cada enfermedad que pega a una familia no asegurada la empobrece. El desconocimiento generalizado sobre el problema de pensiones es un claro ejemplo: sólo un suicida se opone a fortalecer su propia pensión. Que cada quien haga con su vida lo que quiera, el problema es que la conducción y la marcha de una nación de más de 105 millones de habitantes no puede guiarse por ese culto, por ese altar a la irresponsabilidad. La teoría de la excepcionalidad que tanto nos gusta, México es diferente, aquí no pasan esas cosas, se viene al piso.

Hoy sabemos que la muerte de varios funcionarios federales incluido el secretario de Gobernación y el hombre con mayor experiencia en el combate al narcotráfico fue producto de la negligencia. Pilotos incapaces, empresas fantasmas de servicios aéreos, las prisas, todo junto provocó la tragedia. Cimbró al país. Pero las cifras son las cifras. En los últimos 25 años han muerto tres secretarios de Estado en funciones, uno por enfermedad y dos por accidente aéreo. Hemos tenido un magnicidio, es decir, el récord mexicano no es tan bueno. Si a ello agregamos por ejemplo la muerte del anterior gobernador de Colima o los incidentes en los cuales han estado a punto de perder la vida otros funcionarios como Melquíades Morales ex gobernador de Puebla, más la caída de un helicóptero del Estado Mayor Presidencial, pues resulta que el expediente es delicado.

López Portillo compró dos aviones 727 usados que fueron adaptados para viajes intercontinentales, pero sólo se les hicieron las adaptaciones de combustible, no de instrumentos de navegación. Por lo tanto requerían de auxilios para ese tipo de trayectos. De la Madrid estuvo a punto de matarse rodeado de funcionarios de altísimo nivel al despegar en una de esas carcachas en Cozumel. Allí se decidió comprar el actual 757, el TP 01, que ya tiene más de 20 años de uso. Cuando De la Madrid decidió la compra le llovieron críticas. Si a la crítica fácil y al populismo irresponsable le sumamos la necesidad del Presidente y de los altos funcionarios de recorrer el país sistemáticamente, pues nos encontramos ante una encrucijada: necesitamos esa movilidad, esa presencia en todas partes de todo mundo, pues entonces hay que pagarla.

Pero lo que más preocupa no es la alta movilidad en un país de cielos complicados, eso se puede solucionar técnicamente. El Estado Mayor Presidencial es un cuerpo muy profesional. El verdadero problema es la irresponsabilidad de los señores legisladores para encontrar fórmulas jurídicas que atajen el riesgo. Basta leer el artículo 84 constitucional para no dormir tranquilo. He tratado el tema en varias ocasiones desde hace años. Permítame el lector insistir. En caso de "falta absoluta" del presidente de la República lo que nos espera es un auténtico laberinto jurídico que deposita la decisión en el Legislativo y que, en el peor de los escenarios, podría terminar en la designación de dos presidentes previos, provisional e interino, al definitivo que llegaría por vía de elecciones en un plazo no mayor a diez y ocho meses. Pero también existe el presidente sustituto que es el encargado de terminar el periodo si la "falta" ocurre en los últimos cuatro años. La fórmula reposa en el acuerdo de las fracciones legislativas, alude al Colegio Electoral que en teoría dejó de existir al crearse el IFE como encargado de las designaciones que también pasan por una votación secreta.

Imagine el lector por un momento la incertidumbre que se generaría en un caso así. ¿Quién sale ganando? ¿Quién ganó en el caso de Colosio? Paradójicamente entre mayor sea la incertidumbre mayor es el incentivo para pensar en maldades. Si el país tuviera un mecanismo de sustitución automática el incentivo se reduciría. Fórmulas hay muchas, las más sencillas el presidente designado y por supuesto el vicepresidente, figura que en México sigue provocando resquemor por puros atavismos históricos. Sé que hablar de estos temas es pisar un terreno escabroso, pero garantizar institucionalidad a los mexicanos no permite seguir razonando con cotos. Es como ir a comprar un seguro, deseamos no usarlo pero el día que la necesidad se presenta agradecemos la previsión. No olvidemos que estamos en guerra. Que la tragedia de hace dos semanas sirva de algo. Reflexionemos.

http://www.reforma.com

Saúl Arellano -- Posted by noticias on Monday, November 10 2008

Cómo ganar la guerra de las ideas

9 noviembre de 2008

En medio de escándalos de corrupción, de sospechas de todo tipo, de calumnias y difamaciones impunes, de líderes sindicales que pueden comprar relojes de miles de dólares, de profesores interesados en todo excepto en cumplir con su misión pedagógica, es obligado preguntarnos como sociedad: ¿Cuáles son las ideas en disputa? ¿Cuáles son los proyectos de país que están confrontándose y en función de ello, a quién representa cada quién al interior de los partidos políticos?

Poner en tensión dos ideas sin duda constituye un acto de “batalla”. En efecto, desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje el enfrentamiento de dos discursos implica necesariamente una agonística, una lucha en la que hay un enfrentamiento entre al menos dos conciencias.

Para los griegos, la política era en ese sentido una disputa permanente entre las inteligencias; por ello, a quien no se interesaba o no participaba en la política lo calificaban de “idiota”, es decir, de alguien incapaz de generar ideas políticas o bien, de defenderlas de manera adecuada.

Estas consideraciones son importantes porque hoy más que nunca ha quedado claro, de cara a la elección presidencial en los Estados Unidos de Norteamérica, que cuando hay inteligencia pueden construirse proyectos renovadores que por su dimensión tienen la capacidad de impulsar transformaciones estructurales.

En el mes de febrero sostuve en este espacio en Crónica que Barack Obama tenía muchas probabilidades de convertirse en el presidente de los Estados Unidos. Mi argumento se basaba en el poder de su discurso, el cual, por primera vez en mucho tiempo, estaba cuestionando no sólo a las políticas y programas de gobierno vigentes, sino al fundamento del actuar político de sus adversarios.

Obama recibió descalificaciones personales a lo largo de la precampaña al interior del Partido Demócrata, y posteriormente en su campaña frente al senador Macain. En ambos casos, Obama no recurrió ni al argumento del “mártir” ni mucho menos se enganchó en una estrategia de descalificaciones. Al contrario, diseñó una campaña en la que incrementó la intensidad de su mensaje basado en el llamado a la unidad nacional, en la transformación económica, en la necesidad de una salida rápida de las tropas de aquel país de Irak, y sobre todo, de propiciar una renovación ética en la Casa Blanca.

Obama se atrevió a cuestionar al stablishment; lo cual de ningún modo se trata de un asunto menor. Acusó de “cínicos” a los tomadores de decisiones en Washington tras su primera victoria en Iowa, y sobre todo señaló que su movimiento político tenía no como finalidad conquistar la presidencia de los EU, sino transformar al gobierno para generar una “nueva era de prosperidad”.

Queda claro que en la lucha presidencial norteamericana se juega mucho más que el espacio en la Casa Blanca. Se trata de un gobierno con una visión y una posición necesariamente mundial y en muchos sentidos determinante de políticas globales en organismos clave como las Naciones Unidas, la OECD o bien, instituciones financieras como el Banco Mundial, el FMI o el BID.

Así, lo que se vio a lo largo de la campaña presidencial en los Estados Unidos fue una disputa en la que se puso en juego un debate sobre qué tipo de globalización estaremos viviendo en los próximos cuatro años, al menos.

“El medio es el mensaje”, sostiene un viejo paradigma en medios de comunicación. Y en esa lógica, el estilo de la campaña de Obama es en sí mismo un signo de cómo percibe al mundo. En estricto sentido, se trata del primer presidente norteamericano que ha vivido durante periodos considerables fuera de su país y también, en muchos sentidos, el primer presidente que se formó personal y académicamente en un mundo en un proceso de integración global sin precedentes.

Desde esta perspectiva, México tiene una ventana de oportunidades abiertas, y estamos ante la posibilidad de generar una visión global desde lo local, capaz de aprovechar a una presidencia norteamericana que aun con los estrechos márgenes de maniobra con que cuenta en el manejo de su política exterior, está en condiciones de incorporar nuevos temas de agenda, entre los cuales México puede ocupar un lugar estratégico, si lo sabemos manejar.

Las relaciones internacionales son esencialmente relaciones políticas entre los estados, y México debería estar ya considerando cuál será nuestra estrategia en este nuevo contexto mundial, y con base en ello potenciar las expectativas que incluso el propio presidente Obama debe tener de su administración, y desde esa visión, plantearnos cómo vamos a lograr generar el interés, desde una postura de dignidad, para formar parte de una agenda hemisférica estratégica.

En el contexto de la crisis global, México no puede darse el lujo de echar por la borda una vez más otros cuatro años, en una relación que es de la mayor importancia para nuestras posibilidades de desarrollo y para nuestra posición geoestratégica en los años por venir.

Ante la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría se asumió en muchos espacios que la disputa ideológica global había terminado. Hoy sabemos que no es así y que de hecho existe una guerra global de las ideas, marcada por definiciones profundas sobre qué le corresponde al Estado y a sus estructuras institucionales, y hasta dónde es posible continuar con la ampliación de las libertades, anteponiendo siempre el interés colectivo a cualquier intento de privilegiar a unos cuantos.

Se criticó fuertemente a la administración del saliente presidente Bush por haber centrado su gobierno en el tema de la seguridad interna y global, dejando de lado a las políticas económicas y sociales. El riesgo que vivimos en nuestro país está precisamente en esto: en volver monotemática la agenda pública y asumir que la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado es la única o la más importante.

En efecto, mientras más amplia sea la agenda pública del gobierno, mucho más capacidades tendrá de propiciar un debate de altura. Sin embargo, para ello es necesario contar con una agenda precisa sobre qué se quiere lograr, cuáles son las metas a alcanzar en la presente administración y, sobre todo, cuál es la visión de gobierno que se asume desde Los Pinos.

Ante la lamentable muerte del secretario de Gobernación, el Ejecutivo se encuentra ante una coyuntura mayor que lo debe llevar a una redefinición de su gobierno. Es claro que con el Partido Acción Nacional no le alcanza; es más que claro que el gabinete con el que cuenta no tiene las dimensiones requeridas para el momento en que vivimos. Y si esto es así, debería ponerse en marcha un proceso de renovación de carteras a fin de incorporar a personalidades que puedan encabezar una verdadera reforma social y económica en nuestro país.

En México quedan muchas agendas pendientes y el problema más acuciante que tenemos consiste en que estamos atrapados en una lucha férrea por intereses y posiciones, pero ante lo cual se perciben muy pocas ideas en el escenario político.

En la disputa por las ideas que se está dando, y la que viene en los próximos años para lograr lo que hoy se llama la gobernanza en la globalidad, lo peor que podemos hacer es retraernos a una visión aldeana marcada por la mezquindad de los intereses privados o de grupos. Sin duda alguna es momento de dar un vuelco y de debatir con seriedad y profundidad hacia dónde vamos.

http://www.cronica.com.mx

 
 
 
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